sábado, 24 de octubre de 2015

Dream your life C19

CAPÍTULO 19


Cuando John se fue no pude evitar sentirme satisfecha y más cómoda estando sola que con él, aunque John había intentado arreglar las cosas entre nosotros, a su modo, en ese armario no podía sentirme igual que antes con él. Me pregunté a mí misma si realmente quería estar con alguien a quien tenía miedo cuando perdía los estribos lo que podía ser en cualquier momento pues era imprevisible.

John y yo no hablábamos nunca de todas las cosas que me había contado en el armario, cada vez que alguna de nuestras conversaciones se acercaban demasiado a alguno de esos puntos cambiábamos radicalmente de tema. Bien está decir que no hablábamos tanto como los hacíamos antes.

En cuanto a Randy no se había dado cuenta que John y yo dejamos la fiesta debido al espectacular éxito que tuvo.

Nada nuevo amenazaba con cambiar mi vida o al menos eso creía yo.

Un día recibí una carta escrita en un idioma que no podía entender pero si identificar, la carta estaba en euskera. La carta estaba en dirigida a un tal Iker, que estaba alojado en un hotel cercano, No entendí como podían haberse equivocado y haberme entregado la carta de ese señor. Volví a echarla en el correo y para mi sorpresa la carta regresó otra vez; intrigada e indignada (con el servicio de correo) a partes iguales, decidí llevarle la carta en persona.

En la recepción del hotel me dijeron que Iker estaba en la habitación 3233. Me abrió la puerta un hombre de mi edad de pelo castaño y ojos marrones; me acogió con una sonrisa en cuanto le dije porque estaba allí. Me hizo pasar y estuvimos charlando.

Cuando me levanté para irme, él me insistió en acompañarme, me sorprendí al ver que ya había anochecido. El tiempo pasaba muy rápido cuando estaba con Iker.

domingo, 25 de mayo de 2014

Dream your life C18


CAPÍTULO 18:

 

Después de meter el coche en mi garaje, conduje a John al salón, donde le acomodé el sofá para que pudiera dormir en él.

Cuando pude hacerle entender que la fiesta ya había acabado, que debía permanecer en ese sofá callandito y durmiendo me fui a mi dormitorio a hacer lo propio.

El último pensamiento que pasó por mi mente pasó por mi cabeza antes de sumirme en el mundo de los sueños fue que a menos de cinco metros debajo de mi estaba durmiendo el hombre de mis sueños.

 

sábado, 3 de mayo de 2014

Dream Your Life C17


CAPÍTULO 17:

 

Dejé al desorientado químico y saqué a John (también borracho) fuera de la casa.

No quería que Randy nos viera a los dos saliendo a hurtadillas de su casa. Pensaría otra cosa, y no era lo que parecía (nunca pensé que diría esto).

Recordé la expresión en la cara de Randy cuando me despedí de él en el parking del restaurante después de ir a ver el partido de hockey.

Después de todo el cambio que había experimentado si me volvía a ver con John en aquella situación volvería a cambiar y puede que este cambio no fuese para mejor.

El siguiente obstáculo me lo encontré cuando llegamos al coche. Hacía años que no conducía, en Escocia trabajaba en un colegio interno, asique vivía allí mismo y en Londres cogía uno de esos famosos autobuses rojos.

Pero el caso era que llevaba bastante tiempo sin coger un coche, aunque por supuesto tenía el carnet.

– Las llaves, por favor, John. – le dije extendiendo la mano.

– ¿Las de mi casa? Espera un momento, creo que vas demasiado rápido.

– Esas no, las del coche.

– ¡No hace falta que te las dé! Yo puedo conducir.

Dicho esto se aproximó tambaleándose a la puerta del conductor, e intentó abrir la puerta sin la llave activando la alarma.

De repente, toda la calle se vio iluminada por las luces del auto, y algunas luces de las casas vecinas se encendieron.

Antes de que la torpeza de John, provocada por la borrachera, despertara a todo el vecindario le quité las llaves de las manos, abrí la puerta del conductor, empujé a John por ella hasta el asiento del copiloto, ocupé yo el de al lado, puse en marcha el coche y salimos de aquella calle pitando.

Cuando ya nos habíamos alejado un par de manzanas de la casa de Randy le pregunté a John por la dirección de su casa, y su respuesta me sorprendió casi tanto como me aterró.

– Buena idea, deberíamos ir a mi casa. Porque se nos ha acabado la bebida y allí tengo un par de botellas con las que podríamos continuar la fiesta.

Me di cuenta que no podía dejar a John solo en su casa, porque en cuanto se quedara solo, seguiría bebiendo y acabaría con un coma etílico.   

Tendría que pasar al plan B.

viernes, 7 de marzo de 2014

Dream your Life C16

CAPÍTULO 16:

En lo que debieron ser unas dos horas, fuimos descubiertos por uno de los colegas químicos de Randy. A los que al parecer después de irse los demás invitados, hacia una media hora antes, los químicos habían decidido, al encontrarse solos, montar su propia fiesta.
Bueno, pues este químico con todo su súper cerebro y su gran cociente intelectual, se había bebido un par de cervezas y había entrado en el armario creyendo que era el lavabo.
¡Imagínate el panorama!
Creía que ese iba a ser el momento más ridículo, humillante y vergonzoso de mi vida. Pero como siempre me equivocaba.
Aunque eso ya se verá más adelante.
No nos precipitemos.

viernes, 21 de febrero de 2014

Dream your life C15

CAPÍTULO 15:

¿Qué pasa contigo? Aparte de gritarme también quieres encerrarme en el maldito armario a oscuras? – exploté, había pasado una mala última semana, me pasaba el día en tensión sin ser capaz de prevenir cuando volvería a perder los estribos John, y ya me había hartado, necesitaba descargar mi frustración con alguien y ese alguien era él –. ¡Respóndeme!
No sé que te ha parecido esto a ti, pero lo único que intentaba hacer era sacarte de ese muermo de fiestas. – parecía calmado, pero la última vez tampoco fui capaz de prevenir su actuación –. Y ya que mencionas el altercado de la semana pasada quería decirte que lo siento. En ese momento estaba cabreado, necesitaba deshacerme de mi ira y siento mucho que la persona con la que lo hice fueras tú.
En ese momento esperaba muchas cosas por parte de John, me había imaginado gritos, portazos y demás pero lo último que esperaba entonces era una disculpa y aún menos una tan sincera como la suya.
Pues disculpas aceptadas. – No se me ocurría que otra decir–. Y yo siento mal interpretado lo de antes. – tenía que añadirlo sino aquello se convertiría en otro de nuestros incómodos silencios.
No hace falta. Tú tenías razón al atacarme, visto desde tu perspectiva no podías saber que era yo.
El ambiente del armario se volvió incómodo y silencioso. La tensión entre los era tanta que se podía cortar con un cuchillo. Se me pasó por la cabeza la idea de volver a apagar la luz, pero lo descarté no creo que aquello sirviera de algo.
Cuando parecía que no íbamos a quedar así para siempre, John explotó otra vez no era de la manera que yo esperaba.
¡Esto es una estupidez! Y lo peor de todo es que es culpa mía desde que hice lo que hice estos silencios no han dejado de perseguirnos. Lo peor es que parece como si siempre hubiera sido así, cuando hemos tenido momentos buenos. Y yo quiero recuperarlos, ¿tú no?.
Yo también. Odio estos silencios, siempre parece como si no fuesen a acabar nunca. Creo que deberíamos actuar como si nada de esto hubiera pasado.
Estoy de acuerdo. Y tengo la manera perfecta que nos ayudará a olvidarlo. – dijo, alzando en ese momento una botella de whisky, con su mano derecha, de la que yo no me había percatado hasta ahora.
¿De dónde la has sacado? – le pregunté al mismo tiempo que él la abría.
Cuando Randy vio que me aburría me la dio. Creo que piensa que si me emborracho me caerá mejor.
¿Lleva razón?
No lo sé, por eso la he cogido. – después de ver la mirada que le lanzaba, declaró –. Supongo que no.
Acabamos sentados uno enfrente del otro apoyados ambos en las paredes del armario, que afortunadamente estaba vacío exceptuando una cajas que había en la repisa de arriba.
Me tendió la botella bebí un trago y después él hizo lo mismo.
Ahora que me acuerdo. – dije después de repetir una vez más la operación.
No recuerdes, se supone que bebemos para olvidar.
Sí, pero esto no lo quiero olvidar. – dije dándole inca pie para llamar más aun su atención –. Recuerdo que me prometiste dejarte emborrachar para que pudiera escucharte contarme cosas de tu vida, como hice yo, y así estaríamos en paz.
John me evaluó con una mirada fija de sus profundos ojos verdes mientras con su mano recibía de vuelta la botella.
Le dio un trago.
Está bien, ¿qué quieres saber?.
Aquello ya no parecía divertirle tanto, una hora antes me habría preocupado de su reacción ahora eso ya no era mi prioridad. Quizás era que empezaba a confiar de nuevo en John o quizás era solo el alcohol.
Sorprendeme. – aunque al parecer la parte consciente de mi cerebro ya no mostraba ningún sentimiento de peligro hacia John, la subconsciente, seguía manteniendo cierto recato. Y esta curiosa parte había ideado un metódico plan que consistía en emborrachar a John no solo para conocer más cosas sobre él, sino también saber el verdadero motivo de sus cambios de humor y si tenía algo que ver con la charla que tuvo con la directora.
Puede que no lo admitiera nunca pero a veces soy una auténtica cotilla.
Mientras calculaba cuanto podría tardar en llevar a cabo mi plan, John me tendió, de vuelta, la botella, la rechacé con la mano.
Se supone que eres tú el que se tiene que emborrachar. – dije con una sonrisilla.
Me devolvió la sonrisa, se llevó la botella a los labios y empezó a beber como si no hubiese un mañana.
Cuando apoyo la botella a su lado, en el suelo, empezó a hablar.
Nací en un pueblo cerca de aquí, Kanata. Vivía en una casa con mis padres, mi hermana mayor y mi abuelo. – dio un largo suspiro al mencionar a este familiar. – ¡Ah, mi abuelo! Lo recuerdo como si estuviese aquí mismo, siempre vestía igual, vaqueros y camisas de cuadros. Nunca se cansaba de ellas.
<<Cuando era pequeño, tenía un montón de amigos, todos los niños querían hablar conmigo. Pero mi abuelo era mi mejor amigo, me enseñó a jugar al hockey. Fue él quién me hizo socio de los Senators. También me enseñó a jugar a las cartas, incluso cuando fui un poco más mayor empezó a darme consejos sobre como ligar con las chicas >>.
<< Pero lo que más recuerdo es que contaba historias antes de irme a dormir, algunas eran las tradicionales, otras se las inventaba y otras muchas veces me hablaba de cosas que le habían ocurrido a él. Era increíble, deberías haberlo conocido, le habrías caído genial. Estoy seguro >>.
¿Qué le pasó? – presentía que esta historia no tenía un final feliz gracias a la cantidad de alcohol que comenzaba a ingerir.
Murió. – dio un trago –. Un tío lo atropelló una mañana en la que iba a recogerme del colegio. – otra trago.
No respondí no sabía que decir.
¿Sabes una cosa? Esto que te voy a decir no se lo he contado a nadie. Después de que lo atropellaran, una ambulancia lo llevó al hospital. Todavía vivió un día más. No se nos permitía verlo ni a mí ni a mi hermana. Pero lo que no sabe nadie, es que yo desobedecí a mis padres y esa noche entré en la habitación.
<< Yo fui la última persona con la que hablo antes de morir>>.
¿Qué... qué te dijo? – pregunté al ver que él no respondía.
Nada coherente. Deliraba.
Un nuevo silencio nos invadió. No sabía que decir y cuando quise darme cuenta unas gruesas lágrimas rodaban por mis mejillas.
Y después de eso empecé el instituto … – John continuaba hablando como si nada, era una grabadora. Y mientras él me contaba toda su vida por orden cronológico, yo no le escuchaba, no podía dejar de pensar en ese pequeño John y en lo que tuvo que pasar con la muerte de su abuelo.

viernes, 14 de febrero de 2014

Dream your life C14


CAPÍTULO 14

Repasé la situación: estaba metida en un armario de la casa de Randy a oscuras con el que parecía ser un lunático o como mínimo un desorientado mental.
Lo primero que se me ocurrió fue gritar, pero al parecer el otro individuo también se pensó que podía intentar hacer algo así, y me puso la mano en la boca tapándola e imposibilitando cualquier grito por pequeño que fuese.
En ese momento, si había tenido alguna duda de que ese hombre era un psicópata ahora se había esfumado.
El único pensamiento que ocupaba mi mente, era que tenía que defenderme. El problema era que aquel tipo era muchísimo más grande y fuerte, nunca me había sentido tan decepcionada con mi estatura.
Y nunca pensé que pensaría algo parecido pero lo peor de todo era que estaba cabreada conmigo misma por no llevar encima el espray de pimienta que me regalaba mi madre todas las Navidades (la verdad es que nunca he llevado encima ninguno de ellos, me parecía algo demasiado radical y paranoico).
Como sabía nada sobre defensa personal hice lo primero que se me vino a la cabeza le arañe la cara con las uñas, había decidido dejar me las largas, asique tuvo que doler le.
Pero mi ataque no duró mucho porque el tipo me sujeto las manos para que no pudiera seguir arañando le la cara. Privada de mis extremidades superiores decidí pasarle el relevo a mis piernas
No sé cuantas patadas fallidas di, hasta dar en el blanco.
Le pegué una bastante fuerte en la espinilla,y mientras se agallaba, le acerté con la rodilla en el estómago.
Debido a mis golpes, el tipo me soltó y cayó de espaldas contra la pared dando le al interruptor del armario y encendiendo la luz.
Cuando ví la cara de mi agresor.
No me lo podía creer.
Era John.

viernes, 7 de febrero de 2014

Dream your Life C13

CAPÍTULO 13

El temperamento de John iba disminuyendo paulatinamente, ni demasiado deprisa ni demasiado despacio. No había vuelto a tener uno de sus ataques de cólera, que yo supiera, aunque seguía sin ser el John normal, gracioso y divertido que tanto me gustaba y me hacía reír.
Ahora, pese a que había comenzado a recuperar parte de su humor ya no utilizaba el sarcasmo no la ironía. Se pasaba la mayoría del tiempo taciturno.

Me habría gustado poder tratar el tema con menos discreción y poder preguntar a diestro y a siniestro el motivo de su repentino cambio de humor. Pero conseguí, con bastante discreción por mi parte, algo de información desconocida del asunto.
Al parecer la directora del centro, la señora Clare Zarysky, había llamado a sus despacho a John el viernes a la última hora y el Lunes siguiente apareció en el instituto con el careto serio. Para la mayoría de los demás profesores, a los que también le había parecido sorprendente el nuevo carácter de John, había sido bastante fácil llegar a esa deducción. Según ellos se habían limitado a sumar dos y dos.

Pese a la regular mejora en el carácter de John preferí no comentarle nada sobre la fiesta de cumpleaños de Randy y abstenerme así de otros de sus, ya, famosos cambios de humor.
Por eso me sorprendió mucho que el día de la celebración del cumpleaños de Randy justo cuando abrí la puerta de mi casa para irme hacia allí me encontré esperándome con su coche a John.
¿Qué haces aquí? – le pregunté, era la última persona a la que esperaba ver aquel día.
¿Pues qué voy a hacer? Llevarte a la fiesta de Randy. ¿O acaso pensabas ir andando?
No, pero ¿tú cómo sabes lo de la fiesta?
¿Creías que yo no lo sabía? Randy ha invitado a todo el profesorado, incluso se rumorea que a los conserjes. Todo hay que decirlo ese tío tiene buen corazón. – Yo seguía parada en la acera sin saber muy bien a donde ir o que hacer –. Bueno, volviendo al grano ¿te vas a subir o no? – me preguntó mirándome a traves de la ventanilla del copiloto.
Claro, ya que has venido a buscarme no te voy a dejar que te vayas solo.
¿Cómo iba a permitir yo que fueras andando hasta la casa de Randy? Le pondría pasar algo a tu pelo, se habría congelado según he oído últimamente.
Tenía pensado ir en autobús. – dije con orgullo, como si yo fuera la primera persona a la que se le ha ocurrido utilizar ese medio de transporte para desplazarse de un lugar a otro.
Aún peor, te habría robado. – lo miré con una cara mitad alarmada por la noticia y mitad asustada por lo que me podría haber pasado, pero él se limitó a incrementar mi miedo diciendo –. Como mínimo.
El resto del trayecto a casa de Randy fue tranquilo, John no abrió la boca ni una sola vez. El único momento en el que habló fue para decirme que ya habíamos llegado.

Siempre que había pensado en como sería la casa de Randy me la había imaginado como si de un gran laboratorio se tratase. Pero o su casa había cambiado tanto como él o es que Randy tenía un lado oculto que yo no conocía.
Su casa mostraba aún más personalidad que él, con cambio o sin él. Aunque el exterior de la casa era igual que el del resto de la urbanización, el interior denotaba personalidad, vida y colorido. Pese a que las paredes de la casa estaban pintadas de un simple blanco, esta estaba decorada con cuadros de vivos colores e imágenes abstractas. Los muebles eran todos nuevos, estaban todos colocados, como si un especialista en el tema hubiera venido hasta allí y se lo hubiera colocado justo como estaban ahora. Y por supuesto toda la tecnología de la que disponía la casa era de alta calidad, todo lo último de lo último: la cocina, el salón …

Yo soy de esas personas que piensan, es más posible que sea la única, que opina que se puede saber mucho de una persona por su estantería. Sí, exacto, he dicho su estantería no su salón ni su cajón de los cubiertos. Yo he convertido una extraña manía en algo que yo considero ciencia.
Siempre me ha gustado creer que las cosas que pones en ese importantísimo mueble de la casa y la manera en la que las coloques dicen algo de ti o al menos de la clase de libros que te gusta leer.
Por esa manía mía (o ciencia inventada, como prefieras llamarlo), me sorprendió bastante que al encontrar la estantería de Randy en el salón y pararme detenidamente a mirarla no estuviese toda ella repleta hasta arriba de libros, (como la mía, por ejemplo). Sino que en su lugar encontré algo totalmente contrario a lo que yo me esperaba.
La estantería no mostraba el típico apelotonamiento que tenía la mía, en la que aunque todos los libros estaban bien alienados según su tamaño en posición vertical sí es verdad que como no conseguí que cupieran todos, apilé los que faltaban por colocar encima de los otros.
La suya era ordenada, es cierto que había libros (algunos eran de química y también había álbumes de fotos), pero había un espacio entre ellos que ocupaban algunas fotos, pequeñas figuras y un jarrón.

En general, la casa daba una sensación hogareña, por la cantidad de cosas que había fabricadas a mano y algunas seguramente heredadas, pero también de comodidad e independencia, debido a la cantidad de los muebles y demás.

La velada fue tranquila, aunque un tanto extraña, no estaba acostumbrada a ver a los demás profesores, mis compañeros de trabajo, fuera de él. Resultaba tan raro que la mayoría no sabíamos como teníamos que comportarnos.
Randy no solo había invitado a toda la plantilla de profesores sino que también invitó a algunos de sus colegas químicos.
Todos ellos parecían una copia del antiguo Randy, y al igual que al Antiguo Randy no eran demasiado sociables asique se limitaron a formar un grupo, todos ellos, y no salieron de él hasta que los demás nos hubimos ido.

En cambio, Randy era el anfitrión perfecto. Al contrario de los demás químicos hablaba por los codos y con todo el mundo. Al igual que los químicos, los demás también también conversábamos en pequeños grupos y Randy formaba parte de ellos, a su modo. Conversaba con todos por igual y nos dedicaba a todos el mismo tiempo.
Yo, al igual que él, también conversaba con los demás pero dedicaba todos mis fuerzas en encontrar algo en la casa de Randy que me recordaba al Randy tímido e insociable o al menos algo que explicara su cambio. Al no encontrar nada que me ayudara desistí en mi empeño y me di cuenta que no había visto a John desde que habíamos llegado.
Empecé a buscarlo desesperada temiendo que estuviera gritándole a alguien. Di una vuelta en torno a mí misma mirando por todo el salón, allí no estaba. Intenté escrutar las caras de todos lo invitados allí presentes, por si encontraba algún rastro en ellas de que les había tocado sufrir uno de los cambios de humor de John, pero nada.
Me encaminé hacia la cocina donde el anfitrión había colocado una mesa cubierta por un mantel blanco en el que estaban puestos todos los tentempiés.
Mientras miraba los suculentos platos oí que alguien me chistaba cuando me volví no ví a nadie en la estancia, aparte de mí misma. Al volver a mi posición original volvieron a llamarme, al girarme de nuevo pude ver que la puerta que correspondía al armario estaba entreabierta.
Al acercarme más ví que la luz que la luz, que debía tener el armario, estaba apagada. Ya estaba tan cerca que podía terminar de abrir la puerta.
Cuando ni siquiera había extendido la mano, otra mano (visiblemente más grande, posiblemente de un hombre) salió del armario y me metió allí dentro.
Con él.
Totalmente a oscuras.